1832-38 OBRAS DE LARRA FIGARO 28 Tomos 7 Vol. DE MUSEO


1832-38 OBRAS DE LARRA FIGARO 28 Tomos 7 Vol. DE MUSEO

“Una nube sombría lo envolvió todo. Era la noche. El frío de la noche helaba mis venas. Quise salir violentamente del horrible cementerio. Quise refugiarme en mi propio corazón, lleno no ha mucho de vida, de ilusiones, de deseos. ¡Santo cielo! También otro cementerio. Mi corazón no es más que otro sepulcro, ¿Qué dice? Leamos. ¿Quién ha muerto en él? ¡Espantoso letrero!¡Aquí yace la esperanza! ESPECTACULAR LOTE PRACTICAMENTE DESAPARECIDO EN MERCADO SOLO EN PATRIMONIO Y BIBLIOTECAS (DE TODO EL CONJUNTO DE OBRAS SOLO ENCONTRAMOS EN VENTA LOS 4 TOMOS DE ENRIQUE EL DOLIENTE A MAS DE 3000 EUROS Y DE LOS NUMEROS DE EL POBRECITO HABLADOR SOLO EDICIONES MODERNAS Y FACSIMILES) EN 7 VOLUMENES EN ENCUADERNACION UNIFORME Y EN SUS PRIMERAS Y SEGUNDAS EDICIONES LO MAS IMPORTANTE DE LA PRODUCCION LITERARIA, TEATRAL Y PERIODISTICA DE LARRA (28 TOMOS CON 28 PORTADAS) EL LOTE CONTIENE LAS OBRAS SIGUIENTES: Tomos I, II, III, IV y V - Colección de articulos dramaticos, literarios, politicos y de costumbres publicados en los años 1832, 1833 y 1834 por Larra, 2ª Edición- Imprenta de hijos de Catalina Piñuela y Imprenta de Jose Repulles, Madrid 1837 ( 5 PORTADAS) ( una recopilacion con más de 115 articulos, vease los indices de las obras en fotos) Tomos VI, VII, VIII y IX -El Doncel de Don Enrique El Doliente, Historia caballeresca del siglo XV por Mariano Jose de Larra, 1ªEdición Imprenta de Repullés, Madrid 1834 (4 PORTADAS) Tomos X y XI - Macias Drama Historico por Mariano Jose de Larra, 1ª Edición Imprenta de Repullés, Madrid 1834. -El arte de conspirar Comedia en cinco actos de Ramon Arriala (seudonimo de Larra), 1ª Edición Imprenta de Repulles, Madrid 1835 -Partir a Tiempo traducida por Don Ramon Arriala, 1ªEdición Imprenta de Repullés, Madrid 1835 -Tu amor o la Muerte traducida po Ramon Arriala,1ªEdición Imprenta de Repullés, Madrid 1836 - No mas Mostrador comedia en cinco actos de Mariano Jose de Larra 2ª Edición Imprenta de Repullés Madrid 1836. - Roberto Dillon o El Catolico de Irlanda, melodrama de Mariano Jose de Larra 2ª Edición Imprenta Hijos de Catalina Piñuela Madrid 1838. - Felipe, comedia de Mariano Jose de Larra 2ª Edicion Imprenta hijos de Catalina Piñuela, Madrid 1838. - Un Desafio,drama de Ramon de Arriala 1ª Edición Imprenta de Repullés Madrid 1834. (SIETE PORTADAS) Tomos XII y XIII - El dogma de los hombres libres. Palabras de un creyente traducida por Mariano Jose de Larra 1ª Edición Imprenta Jose Maria Repullés Madrid 1836. - El Pobrecito Hablador Revista satirica de costumbres por el bachiller Juan Perex de Munguia (seudonimo de Larra) Numeros 1 y 2 Imprenta de Repulles Madrid 1832, Numero 3 Imprenta de Repullés Madrid 1836, Numero 5 Imprenta Catalina Piñuela, Madrid 1837, Numero 6 Imprenta de Yenes 1837, Numeros 9, 10, 12, 13 y 14 y último Imprenta de Catalina Piñuela Madrid 1837-38. (Faltan los números 4, 7 y 8) -Carta Panagerica de Andres Niporesas en contestación a cierta satira contra el pobrecito hablador, Imprenta de Repullés Madrid 1833 . (DOCE PORTADAS) Su primera publicación fue un folleto de dieciséis páginas con una Oda a la exposición de la industria española del año 1827 en la que los industriales Fernández y Martínez se codean con los dioses mitológicos Júpiter, Minerva y Vulcano, como indicio de la presencia de la clase burguesa sobre la que se asienta el Liberalismo político, en un género ya anacrónico. Recordemos que la Revolución francesa se había vestido de ropajes helénicos. Su poética neoclásica queda inadecuada para las necesidades expresivas requeridas por las circunstancias sociales a las que se refiere. La burguesía industrial rompe el molde de la oda aristocrática. La poesía moderna apunta a otros derroteros inaccesibles al joven literato que encuentra en la prosa del ensayo periodístico el medio expresivo adecuado a las exigencias históricas de su tiempo. Este nuevo camino lo entronca también con la tradición dieciochesca ilustrada, pero en una dirección que desde el siglo anterior apunta a la modernidad. La publicación que Larra saca a lo largo del año 1828, El duende satírico del día, es una serie de cinco cuadernos en la línea de las revistas de ensayos inauguradas en Inglaterra a comienzos del XVIII con The Spectator, de Addison y Steeles, y que en España representan El duende especulativo de la vida civil, El Pensador y El Censor, dedicados a la crítica de la sociedad de su tiempo, a "lo que ocurre entre nosotros", según El Pensador. Un crítico contemporáneo de Larra (González Carvajal, 1834), cree que en este "opúsculo casi periódico... ya se entreveía el genio satírico que ha desplegado con posterioridad". Aquí nos interesa destacar que, aunque el joven literato no se empeña en una abierta actividad de oposición al régimen (¿cómo iba a hacerlo si pertenecía al cuerpo de Voluntarios Realistas?), no era un conspirador, ni había participado en reuniones subversivas, siquiera como sus compañeros Numantinos, El duende satírico constituye una acusación a la situación social y política del momento y no es una empresa solitaria de su autor, sino que representa a un grupo de jóvenes inquietos, disconformes, agrupados a su alrededor, que se juntan ahora en el Café de Venecia y de allí se pasan luego al del Príncipe para fundar "El Parnasillo". En el mismo café se reúne otra tertulia de signo contrario, de gente mayor, la de José María Carnerero, director del Correo literario y mercantil, único periódico estable no oficial permitido en Madrid, privilegiado por el Gobierno. El núcleo del grupo juvenil lo forman antiguos alumnos de Alberto Lista en el Colegio de San Mateo, procedentes de la Academia del Mirto y de los Numantinos. Ventura de la Vega, Juan de la Pezuela, Miguel Ortiz, Juan Bautista Alonso, Bretón de los Herreros son de los que corean a Larra apoyándolo en los improperios que lanza en el café a José María Carnerero, con el cual había polemizado el Duende en sus dos últimos números, de septiembre y diciembre de 1828. Carnerero recurrió a las autoridades y los alborotadores tuvieron que pasar por el juzgado, con lo que el Duende terminó malamente. Larra tuvo que retractarse y el maestro Alberto Lista, entonces al servicio del régimen fernandino, acriminó a los alborotadores, reprobando severamente en la Gaceta de Bayona la algarada del autor del Duende y de sus antiguos alumnos, como un acto subversivo. Larra no tuvo más remedio que dejar la prosa de crítica social y volver a los versos, poesía ligera -todavía poemillas anacreónticos- que dejó sin publicar. Se casa en agosto de 1829 contra la voluntad de sus padres con Pepita Wetoret y pronto empiezan las desavenencias de un matrimonio del que nacieron un hijo, en 1830, y dos hijas, en 1832 y 1834. Lo único que publica al año siguiente del Duende, en contraste con la poesía ligera inédita, es una oda elegiaca A los terremotos ocurridos en España en 1829 que en marzo habían asolado Orihuela y sus alrededores. Aquí, como si fuera un homenaje, alude al poeta Anfriso, a Lista -ahora al servicio del régimen y que, como tal, había condenado al Duende-, recordándole sus poemas masónicos de su época de afrancesado en Sevilla en los que exaltaba los ideales revolucionarios de libertad, igualdad y fraternidad clamando contra el fanatismo fomentado por el Altar y el Trono. Lista volvió a condenar a Larra después de su muerte. Larra vive en Madrid durante aquellos últimos años de Absolutismo en el ambiente de reuniones y tertulias, entre salones y cafés. Es la época del "Parnasillo" y de las tertulias en casas particulares de que nos habla Mesonero. Alguno de sus contertulios termina en la cárcel, como Olózaga e Iznardi, o en el patíbulo, como el librero Millar. Con Larra se cuenta para escribir versos de circunstancias en homenaje a María Cristina, la nueva esposa de Fernando VII en la que los liberales habían puesto sus esperanzas. En aquel ambiente, hacia 1830, conoce a Dolores Armijo, casada con un hijo del famoso abogado Manuel María Cambronero. El amor por Dolores ya se trasluce en algunos versos íntimos que escribe por entonces y que no publica. La poesía ya no es su principal dedicación literaria, ahora parece que se dedica sobre todo al teatro con una actividad fomentada por su relación con Juan Grimaldi, personaje llegado de Francia en 1823 con el ejército invasor, que se hace con el control de los teatros madrileños. Larra le suministró adaptaciones y traducciones del francés. Como autor teatral, el joven escritor se presenta en 1831 con la comedia de costumbres No más mostrador, inspirada en un vodevil de Scribe, con críticas a la clase media por su falta de conciencia en asumir su función social, la que le corresponde históricamente. El éxito de esta comedia le abre la carrera profesional del teatro que lo lleva al estreno del drama romántico Macías. Había intentado estrenarlo en 1833, pero la censura se lo prohibió, aunque Grimaldi consiguió que al año siguiente, en otras circunstancias políticas, se autorizara, inaugurando el nuevo camino del drama romántico en España. Entretanto, en 1832, después de cuatro años de concluir el Duende, vuelve a la prosa periodística de crítica social con El Pobrecito Hablador. En este modo de escribir encuentra definitivamente la trayectoria de su genio de escritor. Sus artículos contribuyen fundamentalmente a asentar la literatura de costumbres como corriente principal de la prosa española de su tiempo. En El Pobrecito Hablador, Larra infunde en este género literario una intensidad subjetiva y una preocupación social renovadora que trasciende lo circunstancial de la mirada costumbrista, profundizando la observación benevolente y conservadora con que Mesonero Romanos había iniciado la serie del Panorama matritense en las Cartas españolas (1831-32), de José María Carnerero. Un ejemplo de cómo logra adaptar su formación clasicista a las necesidades expresivas modernas y a la temática social de su tiempo es el antológico artículo de costumbres "El castellano viejo", basado en una sátira en verso de Boileau. El Pobrecito Hablador, aquí y a lo largo de toda la serie, nos ofrece una visión esperpéntica de la España casticista, representada por el título proverbial del artículo, y un anhelo de europeización, aspiración constante de la tradición ilustrada y liberal frente a los peligros del nacionalismo fomentado por ciertas direcciones reaccionarias de procedencia romántica tradicionalista. En la sátira de El Pobrecito Hablador se percibe la ilusión ilustrada y progresista de que es posible superar, con la esperanza en el mañana, el castellanismo viejo de un patriotismo anquilosado en el pasado. Todavía quiere creer que es posible progresar, traspasar la pared que parece infranqueable, "que los españoles son capaces de hacer lo que hacen los demás hombres". Lo cree como buen ilustrado, todavía no abrumado por la desesperanza romántica. El Pobrecito Hablador muere de tanto hablar, en marzo de 1833, cuando ya hacía varios meses que Larra escribía en La Revista Española, el periódico de José María Carnerero, que había sucedido a las Cartas españolas en noviembre de 1832 (el primer número es del día 7), aprovechando la circunstancia de que la reina María Cristina había tomado la gobernación del país por la enfermedad de su marido, abriendo las esperanzas de los liberales. El nuevo periódico representaba estos cambios en la política del país, a la expectativa de la anunciada muerte de Fernando VII que por fin llegó un año después. Larra empieza a escribir artículos de teatro, generalmente, sin firmar, hasta que el 15 de enero, con el artículo "Mi nombre y mis propósitos", adopta el pseudónimo de Fígaro, firma de sus artículos de costumbres después de que, en marzo de 1833, Mesonero Romanos dejara el periódico en que había continuado la serie del Panorama matritense. El artículo "Ya soy redactor" (19 de marzo) anuncia la entrada en la redacción del periódico, pocos días antes de que del último número de El Pobrecito Hablador (26 de marzo). En el nuevo espacio que se le asigna en el periódico, con el artículo "En este país" (30 de abril) Fígaro continúa la vena de El Pobrecito Hablador, todavía con la esperanza en el progreso, cuando el país se halla "en aquel crítico momento en que se acerca a una transición, y en que, saliendo de las tinieblas, comienza a brillar en sus ojos un ligero resplandor" y contrapone "la esperanza de mañana" con el "recuerdo de ayer". Desde sus publicaciones primerizas, Larra vive esperanzado en una transformación social. Mientras sigue en la redacción de La Revista, a mediados de aquel año se encarga durante seis meses de redactar El correo de las damas, semanario dedicado, como indica el título, al público femenino. El gran cambio que significa la muerte de Fernando VII, el 29 de septiembre, y el comienzo de la guerra carlista le abre la posibilidad de intensificar su actividad profesional escribiendo artículos de política comprometidos con la causa liberal en contra de la facción carlista. Del primero de estos, que apareció sin firma, "Nadie pase sin hablar al portero, o los viajeros en Vitoria" (18 de octubre), ante la demanda, el periódico tuvo que hacer una tirada aparte, a pesar de haber aumentado con previsión la tirada normal del número. En la serie de artículos de sátira política que se suceden en el otoño de 1833, Larra, con su visión grotesca, ataca la España del Antiguo Régimen representada tanto por los carlistas como por los castellanos viejos. Con su genio satírico, alcanza reconocimiento de periodista liberal. Fígaro es ya una firma prestigiosa que se manifiesta en la Revista Española como testigo comprometido con la transformación política que significa la transición del Absolutismo al Liberalismo: la guerra carlista y el gobierno de Martínez de La Rosa y el Estatuto Real. La transición política le parece insuficiente sin un cambio de las estructuras sociales. Larra concibe los cambios políticos como expresión de la revolución social, según los principios de la Revolución Francesa. Al comenzar el año 1834, Larra ha logrado ya con los artículos de Fígaro el pleno reconocimiento de su labor periodística y muestra una gran actividad literaria en el teatro y en la novela. Ahora, entre enero y marzo, aparecen los cuatro tomos de su novela histórica El doncel de don Enrique el doliente, cuyo protagonista lo es también del drama histórico Macías que había sido prohibido por la censura el año anterior y que se estrena el 24 de septiembre, cuando ya, el 23 de abril, se había estrenado, del mismo género innovador, La conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa, que suscitó el entusiasmo de Larra en un artículo de crítica teatral en que los elogios se dirigen al dramaturgo y al político. Estos dos estrenos de aquel año abren el camino del drama romántico en España, antes de Don Álvaro (1835), El trovador y Los amantes de Teruel (1836). Si la proclamación del Estatuto Real, especie de carta otorgada, había abierto algunas esperanzas de cambio ("primera piedra que ha de servir al edificio de la regeneración de España", según Larra), pronto los pasos políticos del moderantismo le van a parecer a Fígaro tímidos e insuficientes: "tan menudos que ni los recuerdo", dirá en su "Revista del año 1834". Con el desencanto se acentúa su radicalización política. Abril de 1834, el mes en que se estrena el drama de Martínez de la Rosa, es cuando empieza la temporada teatral con una nueva empresa renovadora en la que Juan Grimaldi lleva la dirección artística. Larra y Bretón de los Herreros son sus más estrechos colaboradores. El compromiso del crítico con la empresa suscita animosidad entre los partidarios de la anterior, especialmente del actor Agustín Azcona a quien la nueva Administración había dejado en la calle. Azcona lanza una revista, el Semanario Teatral, para atacarla. En este periódico, el actor insulta desaforadamente al crítico acusándole de rastrero y venal, echándole en cara que se había dado a conocer en tiempos en que él era uno de los pocos que tenían el privilegio de publicar, sin mencionar que había sido Voluntario Realista. De acuerdo con las exigencias sociales de la época, Larra fue a demandar al ofensor la reparación de los insultos personales en el campo del honor. Al negarse el actor a aceptar el desafío, Larra no tuvo más remedio que acudir a los tribunales. No fue la única acometida que por entonces sufrió el crítico. Parece que las cosas se le pusieron mal aquel sombrío verano de 1834 en que el ambiente se enrarece con la epidemia del cólera, la matanza de frailes, los triunfos carlistas en el Norte y la debilidad del Gobierno en Madrid que detiene la revolución política apenas iniciada. La esperanza se desvanece y las críticas desilusionadas a la política de Martínez de la Rosa impregnan lo que escribe sobre teatro, literatura y costumbres. En 1834 publicó la novela histórica El doncel de don Enrique el Doliente cuyo protagonista es el del drama histórico Macías, prohibido por la censura el año anterior y que se estrena el 24 de septiembre. Ambas se basan en la trágica vida del poeta medieval Macías y en sus amores adúlteros, un argumento que refleja en cierto modo la relación que mantenía con Dolores Armijo. En el verano de 1834, Dolores le abandona y se va de Madrid, en tanto que se separa de su mujer, embarazada, la cual dará a luz una niña, Baldomera, después de la ruptura (la segunda hija tras Adela, la que habían tenido en 1832). En 1835 emprendió un viaje a Lisboa, desde donde embarcó rumbo a Londres y luego a París, pasando antes por Bruselas. En París se quedaría varios meses, conociendo a Victor Hugo y Alexandre Dumas. Ese año se había comenzado a publicar en Madrid una recopilación de sus artículos: Fígaro. Colección de artículos dramáticos, literarios, políticos y de costumbres. De regreso en Madrid, trabajó para el periódico El Español. En esta época, la preocupación política dominaba en sus escritos. Larra apoya al principio al gobierno de Mendizábal, sin embargo comienza a criticarle al observar que la desamortización redunda en perjuicio de los más necesitados. Tras la caída del gobierno de Mendizábal, decidió intervenir en la política activa a favor de los moderados, siendo elegido diputado por Ávila (1836). Sin embargo, el Motín de La Granja (12 de agosto de 1836), con la que se restaura la Constitución de 1812, impidió que tomara posesión de su escaño. Su creciente desaliento e inconformidad ante el curso de la sociedad y la política españolas junto con el dolor que le produjo su separación definitiva de Dolores Armijo (Larra la había visitado en Ávila en febrero de 1836, sin conseguir ningún resultado positivo) quedaron reflejados en sus últimos artículos. Quizá el más notable es El día de difuntos de 1836, publicado en El Español, en el que detrás de su habitual ironía aparecía un hondo pesimismo. ---------------- POR FAVOR LEA DETENIDAMENTE LA DESCRIPCION PORMENORIZADA DE LAS OBRAS AL PRINCIPIO DEL ANUNCIO ENCUADERNACIONES EN PLENA PIEL CON TITULOS, TEJUELOS Y DORADOS EN LOMOS EN BUEN ESTADO CON LEVES ROCES. INTERIORES CORRECTOS CON LEVE OXIDO Y MANCHAS Y HOJAS TOSTADAS SOBRE TODO EN LOS 3 PRIMEROS VOLUMENES. GUARDAS DECORADAS Y CANTOS PINTADOS medidas 155 x 105 mm aprox. OCASION UNICA DE CONSEGUIR TAN IMPORTANTISIMO CONJUNTO DE OBRAS
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